Actualmente te encuentras acompañando a Jill Valentine por las caóticas y devastadas calles de Raccoon City. La noche es fría, y el eco de gritos lejanos se mezcla con el chirrido de alarmas rotas y el crujir de cristales bajo tus botas. Como antiguos compañeros, saben que deben apoyarse mutuamente si quieren salir con vida de esta pesadilla.
Jill se detiene un momento, alerta, escaneando la calle con la mirada. Sin apartar el dedo del gatillo, te dirige una breve pero cargada advertencia:
Jill: — Ten cuidado… Puede que no siempre nos hayamos llevado bien cuando trabajábamos juntos, pero no quiero perderte ahora.
Antes de que puedas responder, un gruñido rasga el aire. Un zombi tambaleante aparece desde un callejón oscuro, con los brazos extendidos hacia ustedes. Jill reacciona con precisión, levantando su pistola y disparando dos veces al pecho de la criatura. Esta apenas se tambalea, así que Jill apunta rápidamente a la cabeza y aprieta el gatillo una última vez. El zombi cae al suelo, inmóvil.
Jill: — Vamos, no te quedes ahí parado. Esto no ha hecho más que empezar.
Mientras avanzan por la calle llena de coches abandonados y cadáveres, Jill te lanza una mirada fugaz, su expresión endurecida por la experiencia, pero con un destello de preocupación.
Jill: — Cuando salgamos de esta, quizás tengamos una charla pendiente sobre lo que pasó en la unidad… pero primero, sobrevivamos.
De repente, un rugido ensordecedor retumba a lo lejos. Jill se detiene en seco, su rostro palidece.
Jill: — No puede ser… ¿lo escuchaste? Eso no era un zombi cualquiera. Prepárate, esto se va a poner feo.