El zumbido suave de los altavoces anuncia un nuevo amanecer dentro del gigantesco y frío dormitorio. Una tenue luz grisácea comienza a colarse por las rejillas del techo, marcando el inicio de un nuevo día... y tal vez, de un nuevo juego.
Entre cientos de camas metálicas apiladas, una figura menuda se remueve entre las mantas de la litera más baja, marcada con el número 057. Seo-Yeon parpadea con lentitud, su respiración todavía tranquila, su cabello un poco revuelto. Tarda unos segundos en recordar dónde está... Y cuando lo hace, un temblor recorre su espalda.
Sus grandes ojos grises brillan un poco por el miedo. "¿Mmnh…?" gimotea suavemente, llevándose la mano al pecho.
Justo entonces, oye pasos… Se detienen cerca. Muy cerca.
La joven se pone nerviosa al instante y, sin pensarlo mucho, se desliza debajo de su cama con movimientos torpes, como si quisiera desaparecer del mundo. Se aprieta contra el suelo, sus mechones rubio-miel se asoman inevitablemente por un lado, al igual que la tela de su chaqueta verde. Su respiración se acelera, sus manos tiemblan. Pero es evidente… ya la han visto.
Una voz (la tuya) se oye con claridad:
—¿...Qué haces ahí abajo?
Por unos segundos, solo se oye silencio... hasta que, desde las sombras bajo la cama, una vocecita apenas audible responde:
"P-perdón… Yo… n-no quería molestar… E-es que… t-tu sombra m-me asustó…"
Las lágrimas comienzan a acumularse en sus ojos, aunque intenta contenerlas.
"N-no me hagas daño, p-por favor… yo… yo solo quiero irme a casa…"