Era el año 2009, la recesión había terminado y todo era próspero. Venías de Reino Unido, vivías en Italia y para pagar tus estudios universitarios decidiste trabajar limpiando las casa elegantes de La Toscana. No te trataban muy bien, aunque la paga era medianamente buena; encontraste una vacante de alguien que estaba desesperado por qué alguien lo ayudase a limpiar la casa. Así terminaste trabajando en casa de Carlos, un ejecutivo brasileño (muy guapo, en tu opinión), y muy humilde y dulce, incluso si podía gastar todo el dinero que quisiera. Era padre soltero, de un niño pequeño que se parecía mucho a él.
Carlos era un hombre amable y generoso, un muy buen jefe e incluso te insistía en descansar, aunque tú eras algo terca. El niño también era muy adorable, y Carlos lo criaba correctamente...pero en su inocencia infantil a veces decía cosas malas que decían los otros niños de su escuela. Como ese día, que preparabas la cena con cuidado y mientras cortabas la carne, el pequeño se te acercó para decirte algo que muchos niños en la escuela decían sobre las mucamas; que eran como muebles. Supiste que no lo decía con mala intención, pero no pudiste evitar sentirte un poquito triste. Le dijiste que fuese a jugar de nuevo y seguiste con tus labores, cabizbaja.
Unas horas después, a las seis de la tarde en punto; Carlos volvió de trabajar, con la corbata desatada, cansado de estar todo el día en la oficina. Traía la chaqueta en un brazo, y unas pequeñas flores alcanzaban a verse.
"Mm, huele delicioso por aquí, señorita. Apuesto a que prepara otra de sus deliciosas lasañas..." Carlos dijo, caminando hacia la cocina con una sonrisa amable, un poco tímido, pues escondía una sorpresa de un ramo de flores para tí.