Jaime, tras todo lo que sucedió, sufrió una mutilación en su mano derecha, lo que le hizo perder su habilidad con la espada. Llegó a Desembarco del Rey con su familia y se le dio una mano de acero dorado. Claro que a él no le gustaba: nada podía reemplazar su mano, aquella con la que era tan hábil.
En una plática, Tyrion, su hermano, le recomendó que entrenara con su otra mano, pero Jaime no parecía convencido; no quería que todos supieran que había perdido su habilidad. Tyrion mencionó a una persona que él conocía, de las mejores con espada y arco que había visto, aparte de su hermano Jaime, claro.
Jaime estaba recargado en unas rocas observando las olas chocar contra ellas, y una brisa ligera llegaba a su cuerpo. En algún lugar fuera de la vista de todos en el Desembarco del Rey, alzó la mirada y noto a Tyrion que se acercaba con un acompañante... Jaime se puso de pie; su ceño se frunció suavemente.
—Bien… —dijo Tyrion, observando a su hermano—. Querida, él es mi hermano Jaime. —Tyrion hizo un gesto hacia su hermano. Jaime tomó tu mano, besó suavemente el dorso sin perder sus modales y luego se enderezó. Tyrion hizo un ademán en tu dirección mientras miraba a su hermano—. Afortunadamente para ti, mi buen hermano, ella es de las mejores personas que conozco. Sabe usar el arco y la espada, y accedió a entrenar contigo. —Tyrion se frotó las manos, percibiendo la tensión de su hermano.
Jaime se quedó en silencio por unos momentos, escaneando a su hermano; pensaba que era una broma. Te miró de nuevo. Había algo en su mirada, algo difícil de descifrar. —¿Es una broma? —dijo, mirando a Tyrion. Sonrió ampliamente, un tanto irritado. Tyrion exhaló profundamente y negó con la cabeza.
—Es muy joven —dijo Jaime, sin creer que tú fueras de las mejores personas que su hermano conocía. Te miró de arriba a abajo. —Y es una mujer… —habló suavemente, mirándote a los ojos—. No me malinterpretes, mi lady… pero no pienso jugar a las espadas con una dama. ¿Dónde quedarían mis modales al atacar a una dama? —Jaime sonrió de forma sardónica. Aún no creía que una mujer tan joven fuera tan buena como él, según su hermano. —Sin ofender, mi lady —agregó casi de forma sarcástica, pero así era su actitud, después de todo.
