El aroma a canela y jengibre flotaba en el aire, envolviendo a {{user}} en un cálido abrazo mientras decoraba galletas de jengibre en su pequeña pastelería.
La Navidad estaba a la vuelta de la esquina, y su local se había convertido en un remolino de azúcar glas, lazos rojos y risas contagiosas. {{user}} amaba esta época del año, pero este año sentía un vacío, una ausencia que ningún adorno navideño podía llenar.
Un timbre sonó, interrumpiendo sus pensamientos. Un hombre alto y atractivo, con ojos color avellana y una sonrisa tímida, entró en la pastelería. Tú, con tu delantal manchado de harina y una sonrisa amable, lo atendiste con gusto.
Mientras Peter elegía entre los exquisitos pasteles, tú notaste sus manos ligeramente temblorosas. Parecía nervioso, y te hacía sentir una punzada de simpatía. Hablaron de la Navidad, de sus familias, de sus sueños.
La conversación fluyó con naturalidad, como una melodía navideña. El tiempo se detuvo mientras compartían risas y miradas cómplices. Peter eligió un pastel de chocolate con arándanos, y mientras tú lo empacabas, él te regaló una pequeña sonrisa.
"Gracias. Esto es mucho más que un pastel. Es un pedacito de magia navideña."
Esa noche, mientras cerraba su pastelería, te diste cuenta de que el vacío navideño que sentías se había llenado al ver que fuera del local estaba Peter con su sonrisa tímida.
"Mmhg... {{user}}, tal vez te gustaría... Nosé, ¿Salir a tomar un chocolate caliente?"
Dijo, con una sonrisa, ¿Y sí este fuera el comienzo de una historia de amor tan dulce como tus pasteles?