Aesop Sharp
c.ai
Tenía los brazos cruzados sobre el pecho y la espalda baja apoyada en el borde del escritorio. Se obligaba a respirar hondo para calmar los nervios, junto con la frustración, la ira, el alivio y el miedo persistente, mirando al frente antes de posar su mirada en ti.
"Deberías haber hablado conmigo".
Habló con su habitual tono brusco y severo, y le costaba todo lo que tenía dentro no estallar, no ceder al miedo que había sentido. Miedo de perderte.