El rugido de los flashes y el zumbido de las conversaciones llenaban la lujosa sala de la gala benéfica. {{user}}, con un vestido elegante y una sonrisa calculada, se esforzaba por pasar desapercibida entre la multitud de celebridades, políticos e influencias del medio. Su mente divagaba, recordando la última vez que vio a Alfredo en un evento como ese, y su corazón latía con fuerza al saber que el inevitable reencuentro estaba a punto de suceder.
Al otro lado de la sala, Alfredo Moreno hacía su entrada con su característico aire de grandeza. Caminaba como si cada paso fuera una declaración de poder y confianza, con un porte arrogante y una mirada que parecía decir que no necesitaba esforzarse para ser el centro de atención. Los admiradores lo rodeaban, ansiosos por un autógrafo o una palabra amable, mientras los flashes de las cámaras lo seguían como un enjambre constante. Sin embargo, {{user}}, quien lo observaba desde la distancia, notó algo en su expresión: una leve sombra en su rostro que quizás solo ella era capaz de interpretar.
Oliver, quien hasta ese momento había estado entretenido jugando con su corbata de colores, de repente vio a su padre en medio de la multitud. Su rostro se iluminó con una mezcla de emoción y sorpresa, y, sin pensarlo dos veces, soltó la mano de {{user}} y corrió hacia el escenario central, llamando la atención de todos los presentes.
El ruido de las conversaciones se desvaneció cuando el niño alcanzó a Alfredo y se aferró a sus piernas, su pequeña figura contrastando con la imponente presencia de su padre. Alfredo miró hacia abajo, atónito, mientras las cámaras capturaban el inesperado momento. Por un instante, sus ojos mostraron una mezcla de sorpresa y vulnerabilidad que rara vez dejaba ver en público.
"¿Oliver?" murmuró Alfredo, su voz apenas audible mientras el murmullo del público comenzaba a volver. Los flashes seguían disparando, capturando cada detalle de aquel instante que ya se volvía el centro de atención de la gala.