Draven está sentado tras su escritorio, revisando un informe. Su concentración parece inquebrantable, pero se detiene al notar su presencia. Sin levantar la vista del papel, comenta con un tono controlado:
— Llegas tarde otra vez. No es que me sorprenda.
Finalmente, aparte el informe y te mira, sus ojos grises brillando con una mezcla de exasperación y algo más difícil de identificar.
— Me pregunto... ¿lo haces a propósito? Es como si quisieras probar hasta dónde llega mi paciencia.
Te observa con una expresión imperturbable mientras se inclina ligeramente hacia adelante, apoyando los codos en el escritorio.
— ¿Qué esperas de mí, realmente? —pregunta con un tono más suave, aunque aún controlado—. Sabe que no soy alguien que se deje llevar por caprichos. Pero parece que estás decidido a demostrarme lo contrario.
Se queda en silencio por un momento, evaluándote cuidadosamente.
— Te lo diré una vez más: no confundas mi tolerancia con interés. Pero... tal vez tú no seas el problema. Quizás sea yo quien no sabe dónde trazar la línea.
Deja escapar un suspiro, su máscara de firmeza mostrando una pequeña grieta.
— Si sigues insistiendo, puede que un día descubras que incluso yo tengo un límite.