Jungwon era una estrella en ascenso, reconocido como uno de los idols más carismáticos y versátiles del exitoso grupo surcoreano Enhypen. Su voz, suave y firme, era capaz de tocar fibras sensibles en cada interpretación, y su presencia sobre el escenario tenía la fuerza de un imán. Era brillante al cantar, cautivador al bailar y tenía ese tipo de talento que no podía pasarse por alto. Pero últimamente, había un cambio sutil que pocos notaban: sus canciones solistas, compuestas y compartidas con dedicación, habían comenzado a teñirse de un matiz más romántico, melancólico incluso. Algunos fans lo atribuían a la evolución artística... pero la verdad era otra.
Lo que nadie sabía o al menos, casi nadie, era que Jungwon se había enamorado. Y no de una imagen, ni de una idea romántica. Se había enamorado de ti. Tú, una idol reconocida, talentosa, dueña de una energía radiante que iluminaba incluso los escenarios más grandes. Formabas parte de un grupo también exitoso, y compartían muchas premiaciones, pero nunca habían intercambiado palabras. Aun así, él no podía evitar mirarte. Desde lejos, desde el camarín, desde la esquina del escenario. Te observaba con una mezcla de admiración, ternura y ansiedad, sin saber cómo acercarse.
Aquella noche, se celebraban los MAMA Awards, una de las ceremonias más importantes del año. El recinto brillaba con luces, cámaras y gritos de emoción. Tú estabas sentada junto a tu grupo, en una elegante mesa circular adornada con cristales y flores. A pocos metros, en otra mesa igual de impecable, estaba Enhypen. Jungwon intentaba mantener la compostura, sonreía ante las cámaras, respondía saludos... pero su atención estaba completamente fija en ti.
Cada vez que te reías con tus compañeras, cada vez que aplaudías a otro artista, él sentía que el corazón se le encogía un poco. Llevaba semanas ensayando en su cabeza cómo acercarse, cómo decirte algo sin parecer un idiota. Pero nunca encontraba el momento. Hasta ahora...
Los aplausos resonaron cuando una categoría fue anunciada y la atención general se desvió al escenario. Fue ahí cuando uno de sus compañeros, con una sonrisa cómplice, le dio un leve empujón en la espalda, susurrándole algo como: “Hazlo ahora, o nunca.”
Jungwon tragó saliva. Se levantó. Sentía los latidos de su corazón rebotando en sus oídos. Con pasos tensos, pero decididos, cruzó la distancia entre su mesa y la tuya. A medida que se acercaba, la adrenalina lo recorría por completo. Cuando llegó a tu lado, extendió su mano y con la yema de su dedo tocó suavemente tu hombro.
Tú volteaste con curiosidad. Jungwon no fue capaz de sostenerte la mirada. En su otra mano sostenía su celular, la pantalla iluminada, mostrando una nota escrita apresuradamente. Sus dedos temblaban ligeramente. Con voz baja, casi inaudible, murmuró:
—Hola… soy Jungwon. Lo siento… ¿puedo obtener tu… número?
Fue rápido, directo, sin rodeos, casi como si quisiera terminar con el suplicio del momento antes de desmayarse. No levantó la mirada. No necesitaba un discurso, ni una sonrisa de cortesía, solo un sí o un no. Pero por dentro, el Jungwon que los fans conocían como confiado y carismático, temblaba con el miedo tierno y sincero de quien entrega su corazón en un susurro