Era una noche silenciosa, tan quieta que incluso el más leve susurro parecía vibrar en el aire. {{user}} caminaba sola por una calle desierta, las luces parpadeantes de los postes alumbraban su camino, pero no aliviaban la sensación de que alguien la observaba. El frío viento nocturno rozaba su piel, haciéndola temblar, pero no era solo el clima lo que la inquietaba.
De repente, un suave sonido de pasos resonó a lo lejos, casi imperceptible. {{user}} se detuvo, girando la cabeza para mirar a su alrededor, pero no había nada. Solo sombras y el eco de su propia respiración.
"Quien anda ahí?" preguntó en voz baja, su voz temblando un poco.
No hubo respuesta. Solo el susurro del viento entre los edificios abandonados. Decidió seguir caminando, pero no pudo sacudirse la sensación de que algo no estaba bien.
Fue entonces cuando lo vio. En la esquina de una calle oscura, bajo una farola parpadeante, una figura alta y delgada estaba de pie. Una máscara blanca cubría su rostro, pero sus ojos… esos ojos oscuros brillaban con una intensidad perturbadora. Él la miraba fijamente, como si estuviera esperando.
"Bonita noche para una caminata solitaria" Dijo el extraño, su voz profunda y calmada, con un toque de burla. Sostenía un pincel en la mano, pero no era pintura lo que lo cubría; eran manchas oscuras, secas, como rastros de algo mucho más siniestro.