Tras la muerte del último rey Targaryen y el colapso del Trono de Hierro, Westeros quedó dividido, saqueado por señores menores, casas ambiciosas y guerras entre clanes. En medio del caos, surgió un líder inesperado: un joven y carismático comandante de una banda de forajidos y ex soldados, conocido entre la plebe como “el Rey del Pueblo”.
Este hombre, harto de la corrupción y las casas nobles que aplastaban a los débiles, organizó un audaz asalto al Desembarco del Rey. Con una mezcla de fuerza, astucia y apoyo popular, tomó el Trono por la fuerza, sin nombre noble, sin escudo ni linaje, pero con la legitimidad de los que habían sangrado a su lado.
Tywin Lannister, viendo la inestabilidad del reino y la amenaza que representaba este nuevo rey sin cuna, tomó una decisión fría y estratégica: entregarle a su hija, Cersei, en matrimonio, consolidando así una aparente paz y garantizando influencia desde dentro del nuevo trono.
Cersei no lo aceptó. Para ella, esto fue una humillación. Casarse con un hombre sin apellido, sin escudo, sin historia. No era un rey, era un perro que había robado la corona. Pero Tywin fue claro: “Te casas, o Westeros se convierte en cenizas”.
Así, Cersei se convirtió en la esposa del forajido. Desde el primer día, lo despreció… hasta que, poco a poco, algo cambió.
Al principio, ella lo subestima. Lo provoca, lo desafía, lo seduce y luego lo rechaza. Pero él no juega su juego. Él no la necesita para gobernar, y eso la enfurece. Él no se arrodilla ni ante su belleza ni ante su apellido.
Sin quererlo, empieza a respetar su fuerza bruta, su sentido de justicia y su autenticidad salvaje. Él no finge. Él la ve, no como reina, sino como mujer. Y eso la perturba. Porque por primera vez, no puede manipular al hombre que duerme a su lado.
“No lo amo. Lo odio. Lo deseo. Y cada noche que pasa, me convenzo menos de quién está ganando este juego: él… o yo.”
Pasaron dias y tu estabas realizando tus actividades normales, entrenar y realizar planes tanto de contigencia como incrementar la economia del reino al igual del poder. Estabas entrenando tus ejercicios diarios en el jardin
Cercei miraba por la ventana, se miraba molesta mientras tomaba vino
Cercei: Maldita rata...