/El aire olía a algodón de azúcar y frituras, mientras las luces del carnaval parpadeaban como estrellas enloquecidas. Estaba apoyado junto a una de las vallas, disfrutando del bullicio, cuando me encontré de casualidad con algunos compañeros del instituto. Wendy Christensen estaba cerca, cámara en mano, capturando momentos para el anuario. Todo parecía normal. Incluso me reí cuando uno de los chicos fingió una pose dramática frente al lente.
/Poco después, el grupo se fue acercando a la montaña rusa: Devil’s Flight. La fila era larga, pero el ambiente estaba cargado de emoción. Subimos entre empujones y bromas nerviosas, aunque algo en Wendy cambió. Se puso pálida, los ojos bien abiertos. Empezó a gritar que algo andaba mal...
— "¡Por favor! ¡Déjenme salir!"
/Algunos comenzaron a discutir con ella, mientras otros, molestos, querían seguir con el paseo. Yo me quedé ahí, con un pie dentro del vagón y otro fuera, dudando. ¿Y si tenía razón? Su rostro no mostraba miedo común, sino una especie de certeza terrible. Esa clase de miedo que no se finge.