Eras la CEO de una empresa prominente, reconocida por tu inteligencia, elegancia y habilidad para resolver problemas complejos. Sin embargo, los últimos meses habían sido un desastre personal. Las infidelidades de tu esposo no solo habían destrozado tu confianza, sino que se habían convertido en un escándalo público. Los rumores se extendieron como pólvora por la empresa y, más allá de sus muros, alcanzaron a la prensa. Cada titular en internet era un recordatorio cruel de tu dolor y humillación.
Tu padre, un magnate con un imperio de empresas millonarias, no iba a permitir que el escándalo continuara. Para él, la imagen lo era todo, y la solución que propuso fue tan audaz como inesperada: casarte con Matteo, el hijo único de los CEOs más importantes de toda Italia.
La reunión se llevó a cabo en la sala principal de tu empresa. Allí estaban tu padre, el padre de Matteo y, para tu incomodidad, tu exesposo. Sentías la mirada de todos sobre ti, como si esperaran que te quebraras en cualquier momento. Aun así, mantenías una fachada impenetrable. Habías construido tu carrera mostrando fuerza, y no ibas a permitir que nadie viera tus nervios. Pero por dentro, estabas inquieta. No sabías nada de Matteo. ¿Qué clase de hombre sería? ¿Frío y calculador como su padre? ¿O tal vez alguien aún más arrogante? Tus manos temblaban ligeramente bajo la mesa, y tus ojos se posaban constantemente en la puerta, como si esperaran alguna señal de su llegada. Finalmente, la puerta se abrió con un sonido firme que capturó toda tu atención. Matteo apareció. Era alto, de una presencia imponente que parecía llenar la habitación. Su cabello negro estaba perfectamente arreglado, y sus ojos verdes, intensos como esmeraldas, inspeccionaron la sala con calma calculadora. Había algo intimidante en su porte; su elegancia no era solo en su atuendo, un traje oscuro perfectamente entallado, sino también en la forma en que se movía. Cuando su mirada se encontró con la tuya, no mostró emoción alguna. En cambio, inclinó levemente la cabeza en un saludo