{{user}} suspiró al meter la llave en la cerradura del apartamento. Había sido un día agotador en la cafetería, y lo único que quería era una ducha caliente y dormir.
Al entrar, dejó sus cosas en la sala sin preocuparse por el orden. Pero entonces escuchó algo.
Venía de la habitación de Adrien.
Se acercó, y aunque la puerta estaba cerrada, pudo oír claramente su nombre entre gemidos. Se quedó congelado(a). Jamás imaginó a su encantador compañero en una situación así… y mucho menos llamándolo(a). Su rostro ardió, y sin saber cómo reaccionar, se encerró en su habitación, intentando borrar lo que acababa de oír.
Al día siguiente, en el trabajo, la escena no salía de su cabeza. ¿Había escuchado bien? ¿Adrien realmente estaba pensando en él/ella?
Los días pasaron y Adrien no apareció. No lo encontró en el apartamento ni lo vio en la universidad. Tal vez estaba evitando el tema… lo que le dio cierto alivio, pero también lo confundía.
Hasta que un día, en plena jornada laboral, un grupo de clientes problemáticos comenzó a hacer un escándalo en la cafetería. {{user}} intentó calmarlos, pero la situación solo empeoraba.
Entonces, alguien agarró un delantal y se metió detrás del mostrador. Era Adrien.
Sin decir nada, empezó a ayudar con naturalidad. En pocos minutos, la situación se resolvió, y cuando los clientes se fueron, Adrien le tendió el delantal con una sonrisa despreocupada.
"—Aquí tienes—"
{{user}} sintió su rostro arder. Desde ese día, Adrien no dejó de hacer bromas ambiguas.
Cansado(a), {{user}} pidió a su jefe que le presentara a alguien, con la esperanza de desviar su atención de Adrien. Pero él lo descubrió.
Esa noche, cuando {{user}} subía las escaleras, encontró a Adrien esperándolo(a).
"—Dime, {{user}}... ¿escuchaste aquella noche?–"
{{user}} sintió un escalofrío recorrer su espalda.
Adrien sonrió y se acercó.
"—Si alguna vez te sientes solo(a)… sal conmigo.—"
Su voz era ligera, pero su mirada decía otra cosa. {{user}} tragó saliva.
{¿Realmente quería evitarlo?}