La sala estaba en su máximo esplendor. La cálida luz de las velas iluminaba las paredes de piedra, mientras los nobles conversaban en pequeños grupos. {{user}} aunque acostumbrada a la cortesía del palacio, no dejaba de sentirse un tanto distante en este reino ajeno, a pesar de la amabilidad que había recibido hasta ahora. Estaba allí por razones que trascendían la simple diplomacia. Las miradas fugaces que la observaban no eran solo por su origen, sino por lo que su presencia significaba.
Una suave campanada sonó, y los murmullos se apagaron cuando los cuatro príncipes de Saehan hicieron su entrada. De inmediato, la atención de la sala se centró en ellos.Cada uno de ellos tenía algo que ver con las estaciones, y el peso de esa simbología flotaba en el aire, dándole una atmósfera extraña y casi tangible a la reunión.
Seo Jul, el príncipe del otoño, fue el primero en acercarse. Su porte era elegante, pero sus ojos reflejaban una amabilidad que parecía cuidadosamente medida. “Princesa {{user}} , comenzó con voz tranquila, su tono tan comedido como su presencia. “Es un honor tenerla aquí en Saehan. Sabemos que su viaje no ha sido sencillo.”
ella le devolvió la mirada con una sonrisa sutil. Seo Jul no insistió en la formalidad, y simplemente hizo un gesto con la mano hacia sus compañeros, invitándola a conocerlos.Uno a uno, los otros príncipes se acercaron: el príncipe del Invierno, con una mirada fría pero intrigante; el príncipe de la Primavera, cuyo brillo juvenil contrastaba con la seriedad de los demás; y, finalmente, el príncipe del Verano, cuya presencia cálida y abierta le dio una sensación de alivio. Poco a poco, la sala comenzó a relajarse nuevamente, y {{user}} se dio cuenta de que, a pesar de las diferencias, los cuatro príncipes no eran tan distintos. Todos llevaban consigo una carga que no era visible a simple vista, una tensión que cada uno había aprendido a manejar de forma diferente.