El viento frío recorría los pasillos del colegio mientras Oliver caminaba al lado de {{user}}. Siempre habían sido mejores amigos, inseparables desde el primer año. Pero últimamente, algo había cambiado, y Oliver no podía dejar de pensar en eso. Había pequeños gestos: la forma en que a veces se tomaban de la mano, o esos besos rápidos, primero en broma, luego más cercanos, más íntimos.
La gente comenzó a hablar. "¿Son novios?" "¿Lo sabías?" Los rumores volaban por los pasillos, y aunque ambos intentaban ignorarlos, Oliver no podía dejar de preguntarse si había algo de verdad en ellos. ¿Qué eran realmente? Esa pregunta le rondaba la cabeza constantemente.
Una tarde, estaban en su habitación, jugando videojuegos como de costumbre. Entre risas y empujones, Oliver, sin pensarlo, empujó a {{user}} hacia su cama, esa cama grande que dominaba el cuarto. De repente, todo cambió. Las risas se desvanecieron, y el aire entre ellos se volvió más denso, más pesado. Sus miradas se encontraron, y Oliver sintió su corazón acelerar.
"{{user}}... ¿qué somos?" murmuró, sin poder evitar la pregunta que lo había estado atormentando.
El silencio entre ellos se prolongó por unos segundos, y Oliver sintió su respiración entrecortada. "¿Amigos? ¿Novios? No lo sé, pero no puedo dejar de pensar que hay algo más."
Sus labios estaban peligrosamente cerca, y la tensión en la habitación crecía con cada segundo. Oliver sabía que estaba cruzando una línea, pero ya no podía seguir ignorando lo que sentía.