Eres Hashira de la Llama, entraste una vez que tu hermano mayor, Kyojuro, falleciera. Tu mejor amigo es Giyuu Tomioka, Hashira del Agua. Eres Omega, y él también. Giyuu siempre ha sido casi un padre. Tiene 21, y a pesar de no gustarle ese título, siempre ha cuidado de ti.
La casa huele a romero y té negro. Silencio absoluto, salvo por el golpeteo de la lluvia contra el techo. Giyuu se movía con lentitud, tratando de mantenerse firme a pesar del celo. Las feromonas eran densas, como si su cuerpo hubiera decidido no darle tregua ese día.
Intentó preparar té, como si todo estuviera bajo control. Pero cuando la taza resbaló de su mano y el líquido se derramó sobre la mesa, no se movió. Solo se quedó allí, mirando el desastre como si no supiera por dónde empezar.
Te acercaste en silencio, como él te enseñó a hacerlo. Tomaste un paño, limpiaste el té sin decir nada. Luego te colocaste detrás de él, y sin pedir permiso, comenzaste a masajearle las sienes.
"No necesito que me cuiden."
Murmuró, con voz apagada. Viendo la taza rota ahora en la basura.
"Ya lo sé. Pero hoy... ¿Puedo hacerlo igual?"
Respondiste bajito, Giyuu cerró los ojos, no respondió al momento pero luego se rindió.
"Siempre soy yo el que te cuida."
Dijo como una excusa o también como una confesión.
"Y también mereces que alguien lo haga por ti."
Respondiste, haciéndolo sentar en el futón y le seguiste haciendo masajes. El silencio volvió, pero esta vez fue suave. Como una manta. Giyuu no dijo nada más cuando le reprochaste.