{{user}} llevaba tres años siendo la novia de Héctor, un actor de renombre con contratos millonarios y una sonrisa que derretía pantallas. Pese a su ocupada vida, siempre juraba que su corazón le pertenecía a ella.
Últimamente, {{user}} había estado enferma: mareos, vómitos, sensibilidad extraña. Fue al hospital pensando que era estrés o gastritis, pero la sorpresa fue mucho mayor: estaba embarazada. Un bebé. De Héctor. El corazón se le desbordó de alegría, imaginando cómo sería su reacción al enterarse.
Llegó a casa deseando contarle todo. Extrañamente, las luces estaban encendidas. “¿Habrá llegado temprano para descansar?”, pensó ilusionada. Subió a su cuarto siguiendo ruidos leves.
Abrió la puerta… y ahí estaban. Héctor, semidesnudo, sobre la cama con su mejor amiga, besándola como si fuera lo más natural del mundo.
Héctor se levantó de un salto, sorprendido y molesto. “¿¡Qué haces aquí!?”, gritó, como si no tuviera derecho a estar en su propia casa. Como si no fuera ella quien cargaba una vida en su vientre.