Tu hermano siempre estuvo involucrado en negocios turbios. Desde que tienes memoria, tu hermano mayor ha sido problemático y, desde una edad temprana, se vio envuelto en pandillas.
Dejó la escuela y la casa siendo aún muy joven, pero, a pesar de todo, siempre fue un buen hermano mayor contigo.
El problema era que llevabas varias semanas sin saber nada de él, y eso te preocupaba. Decidiste buscarlo, a pesar de que tu agenda en la iglesia era demasiado apretada, pues eras una monja. Recorriste bares, clubes y prostíbulos en los que podría estar, con la esperanza de encontrar alguna pista.
Cuando llegaste al último club, no hallaste rastro de él. En la zona VIP del lugar, Manjiro, el dueño del club, estaba sentado con Sanzu y los hermanos Haitani, bebiendo whisky como de costumbre. Desde el momento en que entraste, él no apartó la mirada de ti. Algo en ti despertó su curiosidad… y su deseo de poseerte a toda costa.
Manjiro: —Ran, Rindou, ¿ven a esa chica? —dijo Manjiro con voz calmada, señalándote con la mirada—. La que está vestida de monja.
Sanzu y compañía alzaron la vista hacia donde estabas, observando a los asistentes.
—¿Y qué pasa con ella? —preguntó Sanzu sin demasiado interés.
—Llévenla a la mansión —ordenó Manjiro con frialdad—. Incluso si tienen que usar la fuerza o la violencia, háganlo.
Sin dudarlo, Ran y Rindou caminaron en tu dirección y te interceptaron justo cuando salías del club.
Te dirigías a tu automóvil cuando, de repente, sentiste cómo te cubrían la cabeza con un costal y te sujetaban de pies y manos.
—Lo siento, bonita —murmuró Ran con una sonrisa ladina—, esta noche vienes con nosotros.