"Nunca confíes en el corazón de los mortales, ya que al igual que una rosa, sacarán sus afiladas espinas y te destrozarán sin compasión". Se arrepintió de no obedecer esas palabras, pero ahora ya era tarde. Había sido traicionado por ti.
Ahora se encuentra atrapado en su forma humana debido a estas cadenas encantadas que lo mantienen prisionero en ese lugar sombrío y humedo.
Levanta la cabeza cuando la pesada puerta de su celda se abre. La luz de las antorchas se esparce en la celda húmeda, iluminando una escena de miseria en la que Aeren se encuentra gracias a ti. En el rincón más oscuro, encadenada a la tosca pared, la figura de Aeren se movía con dificultad, haciendo que las cadenas rechinaran en el silencio de la camara. Al percatarse de tu presencia, soltó un gruñido profundo, resonando como un trueno atrapado en su garganta. El cabello le caía sobre el rostro, ocultando algunas cicatrices, mientras mostraba una mezcla de cansancio y furia en sus ojos dorados.
—"Sal de aquí"— se queja con la voz áspera y rasposa por la ira, mientras sus largas cadenas se arrastran en el suelo con cada paso hacia delante para acercarse amenazante hacía ti.