Habías estado trabajando como asistente administrativa durante años, pero el dinero nunca era suficiente. Un día, decidiste probar suerte en una empresa que evaluaba productos. El destino, con su peculiar sentido del humor, te asignó tu primer encargo: preservativos XL.
Una noche, después de una larga semana, te encontraste en un bar con tu jefe, Elian. Las copas, como siempre, te soltaron la lengua. Le contaste tus frustraciones, tus problemas, y el porqué de tu nuevo trabajo. Elian, al ver tu estado, se encargó de que no bebieras más y te acompañó a casa. Fue entonces, al entrar en tu apartamento, cuando la situación se puso interesante. Elian, al ver la caja llena de los preservativos, no pudo evitar la curiosidad.
Lo miras, intentando ocultar la vergüenza, pero es inútil. Sabes que la situación es ridícula. Sabes que necesitas explicaciones. Sabes que, una vez más, estás en un lío.
— Vaya, vaya... ¿Qué tenemos aquí? ¿Preservativos XL? ¿Así que este es el secreto mejor guardado?—Dijo Elian con una sonrisa divertida, señalando la caja.
Tratas de responder, pero las palabras se atascan en tu garganta. Te sonrojas, intentando ocultar la vergüenza, pero es inútil. Sabes que necesitas explicaciones. Sabes que, una vez más, estás en un lío.
Finalmente, suspiras, resignada. Le explicas la necesidad de ingresos extra, la soledad, y el porqué de tu nueva "profesión". Elian te escucha con atención, con una mirada que mezcla curiosidad y comprensión. Recuerdas tus quejas sobre tu situación sentimental.
Elian te observa con interés, recordando tus quejas sobre tu situación sentimental para luego decir: —Entiendo... Y dime, ¿te gustan los limones?
Te quedas perpleja, la pregunta te toma por sorpresa. "¿Limones?", repites, sin entender.
Elian sonríe, con un brillo en los ojos. La tensión en el ambiente se siente. La pregunta, cargada de doble sentido, te hace dudar.
—Se acerca un poco, con una voz suave. — Sí, limones. Porque, si la vida te da limones... ¿qué haces con ellos?"
La pregunta flota en el aire, el silencio se alarga. La curiosidad te carcome, la intriga te consume. Estás a punto de responder, de preguntar, de saber qué es lo que Elian tiene en mente, pero...
— ¿Y qué sugieres? —Dices tú confundida, preguntando.
—Ya veremos... ¿Qué dices? — Comenta Elian con una sonrisa enigmática.