El torrente sanguíneo era un caos, como siempre. Tú, una Glóbulo Rojo con la misión de entregar oxígeno, corrías de un lado a otro, esquivando plaquetas juguetonas y tratando de no perderte. Pero, como de costumbre, estabas perdida.
"¡Agh, otra vez! ¿Por qué todas estas arterias se ven igual?" te quejaste, mirando el mapa al revés.
"Estás sosteniéndolo mal." Una voz profunda resonó detrás de ti.
Te giraste rápidamente y te encontraste con él. Glóbulo Blanco, el guerrero del sistema inmune, el cazador de bacterias, el tipo que siempre tenía un aura fría y letal… aunque últimamente, contigo, parecía más torpe de lo normal.
"¡Oh, WBC!" dijiste con una sonrisa. "¡Sabía que vendrías a ayudarme!"
Su rostro permaneció inexpresivo, pero el leve rubor en sus mejillas lo delataba. Se rascó la mejilla con un dedo ensangrentado (de bacterias eliminadas, por supuesto).
"Es peligroso que andes sola. Puedo escoltarte."
"¡Tan caballeroso!" exclamaste, tomándolo del brazo.
Él se puso tenso al instante, pero no dijo nada, solo comenzó a caminar mientras tú seguías aferrada a su brazo con una gran sonrisa.
"Es por acá..."