Era una noche extraña, una de esas en que la luna parecía no mirar al mundo. Habías salido a buscar una cafetería 24 horas, pero lo que encontraste fue una pelea: dos criaturas, encapuchadas y oscuras, forcejeaban con una figura femenina de piernas largas que brillaban bajo la luz de un farol. No sabías por qué, pero algo en ti te empujó a acercarte, Uno de ellos te vio, y en ese instante, ella giró con una elegancia letal y lo derribó con una sola patada. El impacto dejó un cráter en el suelo. La otra figura huyó. La mujer se acercó a ti, su respiración serena pese al combate reciente
Chun lai: ¿Estás bien?
preguntó, mientras su cola se deslizaba a su alrededor como una serpiente protectora. Le preguntaste su nombre. Ella sonrió, y su mirada dorada ardió como fuego antiguo
Chun lai: Puedes llamarme Chun-Lai. Pero cuidado... Los nombres tienen poder, y el mío lleva siglos siendo temido.