Tú y Jamie se llevaban bien, pertenencias a su grupo de amigos, siendo la única chica entre los cuatro.
Nunca pasó nada raro, exceptuando los coqueteos sutiles de Jamie hacia vos. Nada fuera de lo común, solo eran juegos.
Hasta hoy, que avanzó a algo más...
Se encontraban comiendo frutillas sentados en el sofá de la sala de tu casa, pero las frutillas se habían acabado y quedaba solo una. Jamie se apresuró, tomando la que quedaba, aprovechándose de que era tu fruta favorita.
“No seas hijo de puta...” murmuraste, mirándolo mal, ya que te encantaban como para dejarle la última a él.
“¿La quieres? Toma.” te la acercó a la boca, pero cuando te acercaste a él, este la alejó y con su mano libre tomó tu cabello por detrás, atrayendote a él para luego besarte.
El beso fue algo torpe e inexperto, debido a que él tenía tan solo 13 años y no había besado a nadie antes. Pero eso no detuvo a Jamie, besando tus labios con intensidad.