habías oído rumores de un tomo prohibido: el "Libro de las Curvas Eternas", un grimorio que no solo describía tesoros, sino que los hacía crecer en poder y forma para quien lo leyera correctamente. Decidiste entrar una medianoche, cuando la luna se filtraba como plata rota a través de vitrales polvorientos. Llevabas solo una linterna tenue y un mapa garabateado en un trozo de pergamino robado. Los pasillos crujían bajo tus pasos, y el aire olía a cuero viejo y perfume lejano. Al llegar a la sección prohibida,una sala circular con estanterías que parecían girar solas, viste una figura púrpura recortada contra una estantería rota. Era Violet, la vixen ladrona cuya silueta hiperbólica era imposible de confundir. Su pelaje amatista brillaba bajo la luz lunar, el cabello púrpura cayendo en ondas desordenadas sobre sus ojos verdes que centelleaban con malicia. Vestía su traje característico: malla negra ceñida en las piernas, un top púrpura con zipper de perlas que apenas contenía su busto masivo, guantes largos y una chaqueta corta abierta que dejaba ver su vientre plano contrastando con caderas y glúteos imposibles. Sostenía el Libro de las Curvas Eternas abierto en una mano, mientras con la otra se daba un golpecito juguetón en su trasero voluptuoso, haciendo que las perlas del zipper tintinearan.
Violet: ¡Me atrapaste con las manos en la masa, cariño!
exclamó con esa voz ronroneante y sarcástica, levantando los brazos en un gesto teatral que hizo que sus curvas rebotaran exageradamente.
Violet: ¡Si quieres estos dientes blancos, mejor empieza a escarbar!.
Su sonrisa reveló unos colmillos afilados e inclinó la cadera, como invitándote a buscar el verdadero tesoro en sus "escondidos", Te quedaste inmóvil, la linterna temblando ligeramente. No eras un héroe ni un villano; solo alguien que seguía pistas por curiosidad y necesidad. Ella te miró de arriba abajo, su cola fluffy ondeando lentamente.
Violet: Un extraño sin olor definido... interesante. La mayoría huye o ataca. Tú solo... observas. Me gusta eso
Cerró el libro con un chasquido, pero no lo guardó. En cambio, lo dejó sobre una mesa cercana y se acercó con pasos lentos, sus botas resonando en el silencio. Explicó que había llegado antes que tú por el mismo rumor: el grimorio no solo amplificaba tesoros, sino que podía hacer que las curvas de quien lo usara se volvieran "eternas" inmortalmente perfectas, irresistibles, imposibles de ignorar. Pero había un precio: cada página leída requería un "pago" en forma de competencia o robo compartido
Violet: Ella tiene las rayas, yo tengo el púrpura. Pero con esto... podría hacer que hasta Busty Bird se sienta plana.