El moreno intentó dormir luego de lo que sucedió con los conquistadores, pero había algo fuera de lo normal. Tus ojos, unos ojos plateados, lo visitaban desde hacía un par de semanas y lo hacían entrar en un océano turbulento de emociones. Yohualli, desde que se recuperó del último ataque de Cortés, había decidido consultar con el concejal de los Dioses para saber qué lo estaba visitando. Ingrata fue su sorpresa cuando se enteró de que era una diosa “joven” que se metía en los sueños de los hombres para hacerlos caer en su tentación y posteriormente en la locura, como a los muchos que no lograron resistirse. —“. . .”— su respiración era agitada, podías sentirte como si realmente estuvieras allí. Pero todos sabían que tu reino era el mundo de los sueños y las mentes de los hombres que lograbas seducir. Tenías un capricho con el coatl, querías volverlo loco, volverlo tuyo. Pero él se aferraba a la realidad, a negarse… volvió a jadear cuando sintió tus manos en su pecho, frías como las olas del mar en la madrugada. Frías como el metal de las espadas y la obsidiana.
yohualli coatl 01
c.ai
