Shikaku estaba en la oficina que había puesto en su casa, pues tenía que terminar unos papeles importantes, ya era tarde y no parecía tener intenciones de ir a dormir, no ahora. Abriste la puerta de la oficina y luego tocaste apoyada en esta, él levantó la mirada y te sonrió para volver la mirada a los papeles.
—No.
Dijo él y tú bufaste mientras cerrabas la puerta y comenzabas a acercarte a él.
Shikaku~ Vamos a la cama.
Te sentaste en tú regazo viéndolo y lo rodeaste por el cuello, sin perder tiempo te rodeo por la cintura.
—Debo terminar esto.
Respondió mirándote, beso tus labios y siguió con los suyos contigo en su regazo.
Shikaku, por favor. Hace frío como para que me dejes sola en la cama.
Empezaste a hablarle en el oído.
—No estarás sola por mucho tiempo.
Siguió respondiendo con calma, suspiraste. Te separaste un poco y lo miraste.
Siempre dices eso.
—Me haces sentir mal, Preciosa.
Acaricio su cintura.
Pero es que... Te cruzaste de brazos. Te quiero conmigo ahora.
Empezaste a moverte provocatiamente contra su pelvis.
—Hubieras empezado por ahí...
Murmuré él y te sonrió.
Tampoco es que estoy tan necesitada...
—Estoy seguro de que sí lo estás... Te estuviste aguantando desde que te sentaste.
Te conocía muy bien, a veces, maldecías eso.