Momentos antes habían estado con el resto del equipo. Risas sueltas, comentarios sin importancia… hasta que alguien sacó el tema de los besos. Quién besaba mejor, quién no, bromas baratas que arrancaron carcajadas.
Ghost no dijo nada. Solo se levantó, tomó su cajetilla y salió.
Ella lo siguió.
Lo encontró apoyado contra la pared exterior, encendiendo un cigarro con la calma de quien prefiere el humo al ruido. El olor llegó antes que la palabra.
—¿En serio? —dijo, deteniéndose a su lado—. ¿No te cansas?
Ghost inhaló despacio.
—Me ayuda a pensar.
Ella lo miró de arriba abajo, frunciendo el ceño.
—Pues suerte con eso… porque no sé quién querría besar un cenicero.
Él giró apenas el rostro hacia ella. Bajo la máscara, la sonrisa fue inmediata.
—¿Quieres besarme?
Ella parpadeó, sorprendida… pero no retrocedió.
—¿Dejarías de fumar?
Ghost apagó el cigarro contra la pared, sin apartar la mirada.
—Eso sería una motivación.
—Y la mía.
Ghost dio un paso hacia ella, lo justo para invadir su espacio sin tocarla. Su voz bajó, segura, descarada.
—Por si te sirve… —murmuró— beso bastante bien.
No había testigos. Solo el humo disipándose… y una idea que ya no iba a soltarlos.