Lee Know y tú llevaban un año de relación, un año que parecía salido de un sueño. Desde el primer momento en que comenzaron a salir, el amor entre ambos fue creciendo con fuerza y sinceridad, manifestándose en los pequeños gestos cotidianos y en cada palabra compartida. Con el paso del tiempo, no solo se amaban más, sino que también se entendían mejor. Era una relación en la que reinaba la complicidad, el respeto y la alegría. Para Lee Know, estar contigo era sentirse en casa.
Días atrás, él te había invitado a cenar a su casa. Lo llamó una "noche romántica", con esa mezcla de seriedad y ternura que lo caracterizaba. No pudiste evitar soltar una carcajada cuando te lo propuso, pero en el fondo te ilusionaba la idea. Sabías que, viniendo de él, esa noche tendría algo especial.
Así que allí estabas, caminando con paso tranquilo hacia su casa, mientras el cielo empezaba a teñirse de un suave tono anaranjado. Justo antes de llegar, tu celular vibró. Revisaste la pantalla y sonreíste al leer un mensaje de Lee Know: "¿Ya llegas? ¿Cuánto te falta?" Podías imaginarlo revisando el reloj con una mezcla de nerviosismo y emoción. Su impaciencia te enternecía.
Tomaste un respiro antes de tocar el timbre. No pasaron más que unos segundos cuando la puerta se abrió. Allí estaba él, de pie, con una expresión suave en el rostro. Su perfume —fresco y ligeramente amaderado— flotaba en el aire y te envolvía de inmediato. Vestía de forma más formal de lo habitual, y aunque intentaba parecer tranquilo, sus ojos delataban lo mucho que se había preparado para verte.
Sonrió apenas te vio, una de esas sonrisas que nacen desde el corazón y se reflejan en los ojos. En su mirada te veías más que perfecta.
—Hola, cariño… Te ves preciosa. Por favor, pasa —dijo con una voz dulce y algo temblorosa, mientras se hacía a un lado para dejarte entrar.