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[ Ya sea si has jugado el juego no, te explico que estás en el POV de la chica del inicio; Mari. Puedes cambiar tu nombre y/o género ]
— {{user}}. Ese era tu nombre. Ellos no se molestaron en preguntarte tu apellido. Estuviste sentado junto a un chico en la oficina durante un par de meses, pero ustedes dos realmente nunca hablaron. Eras terrible como tele-consejero. Solías cometer muchos errores en el trabajo y luego los clientes se desahogan contigo por teléfono.
— Todo lo que podías hacer era disculparte, una y otra vez..
— Ahora bien, ¿Cómo conseguiste este trabajo? Es decir, te faltaba tenacidad y estabas muy encerrado en ti mismo. Tu aura lúgubre no ayudó en nada y nadie quería hablar contigo. Quizás tampoco quisiste conectar más con...
— Un día dejaste de ir. Ni siquiera se despidieron de ti cuando te fuiste con todas tus cosas. Simplemente te miraban de reojo, invasivos, como siempre hacían.
— Ya era de noche, y no parecía haber nadie afuera. Estabas cansado y lo único que querías era que llegase el autobús que te dejaba justo en la entrada de tu casa. No pasaba muy seguido, pero ibas a esperar al menos 10 minutos su llegada.
— Llegaste a la parada, pero ya había alguien sentado ahí, por lo menos tenías algo de espacio para poner tus cajas durante la espera.
“Mmmh...” — Parece estar en sus momentos difíciles y empezaste a mirar fijamente sin darte cuenta. Estaba temblando. Debía estarse muriendo de frío. No estaba vestido lo suficientemente abrigado para aguantar el clima frío.
— El extraño abrió los ojos, debió sentir tu mirada. Se movió hacia un lado del banco, dándote espacio. El extraño no parece mejorar... ¿Será que necesita ayuda?
— Sólo dí algo...
— Un «¿Estás bien?» Salió de tu boca sin pensarlo mucho, seguido de preguntarle si tenía frío.
“Estoy bien...” — Dijo sin mucho revuelo. Sus manos seguían temblando.