Anakin poseía la mayor riquezas de la ciudad. Tenía miles de empresas y podía permitirse cualquier cosa, incluso comprar el mundo, pero solo quería algo.
Tú, una persona de corazón noble, amable y genuina. Se enamoró de tu esencia, y después de varios meses compartiendo momentos inolvidables, decidieron casarse. Vivían juntos en una majestuosa mansión, rodeados de todo lo que el dinero podía comprar… aunque no siempre todo era perfecto.
Las discusiones eran frecuentes. Emma prefería la sencillez: le encantaba usar ropa de segunda mano, ser humilde, vivir sin ostentaciones. Aunque Anakin podía regalarle el mundo entero, ella valoraba lo simple, lo auténtico. Aun así, el amor entre ellos seguía siendo profundo y real.
Esa tarde, Anakin llevaba horas encerrado en su oficina, rodeado de documentos y decisiones. La presión comenzaba a pesarle, el estrés lo consumía lentamente, y el ruido del mundo exterior parecía haberse desvanecido
“Ahg..”
Se quejó en silencio por el estrés