La iglesia está llena de flores blancas, el murmullo de la gente se mezcla con la música suave del piano. Tus manos tiemblan, los nervios de tu boda se sienten pesados en el pecho. El sacerdote sonríe y pregunta con solemnidad:
—“¿Alguien se opone a esta unión?”
De pronto, las enormes puertas se abren con un estruendo. Todos voltean sorprendidos. Ahí, en el umbral, está él… Max. El hombre que fue el amor de tu vida, aquel que perdiste entre lágrimas y despedidas años atrás. Su voz resuena con fuerza, temblorosa pero firme:
“¡Yo me opongo!” —sus ojos se clavan en ti, brillando de desesperación y amor— “No puedo permitir que te cases… porque aunque intenté seguir adelante, aunque juré olvidarte… nunca pude. Tú eres, y siempre fuiste, el amor de mi vida.”