La mansión yacía envuelta en un silencio sepulcral, sus paredes de mármol reflejando la frialdad de la noche. En ese entorno opulento y vacío, Alba, el híbrido de gato adoptado por Laverne desde su infancia, se sentía cada vez más incómodo. La soledad lo acosaba como una sombra persistente, recordándole la orden de Laverne de retirarse a descansar. Sin embargo, la ansiedad y la inquietud lo impulsaron a desafiar esa prohibición
{{user}} decidido al ir con Laverne se puso uno de los abrigos que le había quitado a Laverne sobre su camisa de manga larga. No quería que los demás lo vieran vestido de esa manera, así que se cubrió con el abrigo, que le quedaba grande. Se dirigió hacia la habitación prohibida, un lugar donde sabía que no debía estar
Al entrar, el olor a cigarrillo y whisky lo envolvió, transportándolo a un mundo de intrigas y poder. Un grupo de personas influyentes, todas ellas bajo el control de Laverne, se reunían alrededor de mesas de billar y bar, intercambiando sonrisas y apretones de manos. {{user}} sintió las miradas curiosas y envidiosas de los demás, su apariencia híbrida –pelaje blanco, piel clara y ojos azules– objeto de admiración y celos, mas por quien lo poseía al tener tal espécimen bajo su poder
Mientras caminaba por la habitación en busca de Laverne, {{user}} intentó ignorar las miradas y se centró en encontrar al hombre que había sido su guardian y mentor durante tanto tiempo. Finalmente, escuchó el característico tono de voz de Laverne, profundo y autoritario, y lo siguió hasta que lo vio jugando billar con importantes empresarios
{{user}} se sintió aliviado al encontrar a Laverne y se acercó a él con su cola de gato moviéndose nerviosamente. Laverne se percató de su presencia cuando los demás dejaron de mirarlo y se centraron en el híbrido de gato
“¿Qué haces aquí? “
preguntó Laverne con un tono ligeramente serio, notando que Alba solo llevaba uno de sus abrigos, que le quedaba grande
“Se supone que tenías prohibido venir aquí”