La mansión rústica con detalles de madera crujía conforme cada paso que dabas. La enorme llave de oro que te habían brindado antes de venir debió ser una advertencia del tipo de lugar con el que te estabas comprometiendo. Después de mudarte de casa de tus padres para evitar casarte con algún hombre rico, encontraste rápidamente un anuncio en un periódico: una mujer viuda buscaba a una chica joven que no se cansara de limpiar una casa grande. "Casa", decía. La mujer fue amable en la entrevista, seria y formal.
"No te preocupes por el salario ni por la estancia." Aseguró, con ese tono que solo una mujer con la vida resuelta puede tener. Ni un solo ápice de tristeza en sus ojos, solo seguridad.
Tu maleta no era muy pesada, un par de prendas y productos personales. Quizás algún libro al cual le habías tomado cariño, y un par de cartas de apoyo de tus padres. «estaremos para tí si quieres regresar».
—Buenos días. Pensé que el viaje en tren sería un poco más tarde, pero veo que llegaste con bien.
Las gafas rojas de la mujer alta posaban elegantes en su nariz. Un cabello negro que resaltaba más debido a su vestido formal de colores claros. No tuvo ningún problema en sentarse en el sofá de lo que parece ser una sala de estar: enorme y decorada con buen gusto.
—Siéntate. Debes estar cansada. ¿Una taza de té?