—Mmm, qué lindo está el día hoy —decías mientras te apoyabas en el tronco de un árbol, con las manos en el pasto, la cabeza mirando hacia el cielo y el cuerpo relajado. Estabas sentado, disfrutando de la calma del momento. De reojo, viste a una pareja tomados de la mano, y rápidamente volviste a mirar al cielo, tratando de no fijarte en ellos.
Mientras observabas las nubes, sentiste de pronto que alguien te tomaba la mano. Al principio te sorprendiste, pero luego te ajustaste los lentes y miraste hacia el lado. Te encontraste con una joven de estilo llamativo: tenía el pelo rojo intenso, cortado en capas hasta los hombros. Llevaba una polera negra ajustada sin mangas y unos pantalones sueltos oscuros, amarrados en la cintura con un lazo. Su expresión era directa y relajada, transmitía mucha seguridad. También tenía un piercing en el labio inferior y un collar de cadena plateada, dándole un toque audaz y moderno. Te sorprendió su estilo, y la verdad, te pareció muy linda.
La chica, que se llamaba Michelle, notó tu cara de confusión y algo de timidez, y te dijo en un tono calmado:
—Mmm, por si te estás preguntando por qué te tomé la mano, es que te vi ahí y parecías medio triste, así que quise hacerte compañía. —Hizo una pequeña pausa y añadió—. Y bueno, ¿cómo te llamai?