Jeongin y tú eran compañeros de la misma universidad. Aunque pertenecían a diferentes salones, ambos compartían una clase adicional de Artes que se había convertido en su pequeño refugio común. El arte los unía más allá de los números y las calificaciones; ambos tenían una sensibilidad especial para capturar emociones en cada trazo y color, y sus notas reflejaban ese talento compartido.
Jeongin era alguien reservado y distante, con un apego evitativo que dificultaba que mostrara sus emociones. Siempre mantenía una expresión seria, rara vez se acercaba a los demás y prefería resolver sus problemas por sí mismo, sin aceptar ayuda. Evitaba el contacto físico, y su independencia era casi una barrera invisible que pocos podían cruzar.
Tú, en cambio, sentías un latido especial cada vez que lo veías, no solo por su atractiva apariencia, sino por esa aura enigmática que parecía envolverlo. A lo lejos, tu corazón se aceleraba con solo imaginar cómo sería hablarle, siquiera por unos segundos. Ese deseo silencioso te acompañaba en cada clase y en cada momento que compartían sin intercambiar palabras.
Ese día había sido largo, especialmente en la clase de Artes, donde te retrasaste guardando pinceles y pinturas con sumo cuidado, asegurándote de dejar todo en orden antes de salir. Cuando finalmente saliste, ya era tarde y el sol comenzaba a bajar. Caminabas por los pasillos exteriores de la universidad, disfrutando del aire fresco y el silencio que se instalaba poco a poco.
De repente, un olor a humo de cigarrillo llegó a tus fosas nasales, llamando tu atención. Desviaste la mirada hacia un lado y ahí estaba Jeongin, con un cigarrillo entre los labios, su espalda apoyada contra la pared. Su figura parecía aún más solitaria en ese instante, con la mirada fija en un punto lejano, como si estuviera perdido en sus propios pensamientos.
No pasó mucho tiempo antes de que notara tu presencia. Sus ojos se encontraron con los tuyos y, por un breve instante, su expresión cambió. Te miró, y en ese silencio compartido, sentiste que algo invisible se quebraba, aunque él rápidamente volvió a su habitual semblante serio, apartando la vista hacia adelante.