La única heredera de la leyenda del rock argentino. Ella era el centro de todo. De los medios, de las revistas, y de la vida de Patricio sabiendo que era un amor imposible.
Carlos Alberto Solari, el glorioso Indio Solari, dió una sola primogénita al mundo a principios del año 2000. Y esa eras vos. Una mina preciosa por dónde se te mirara , eras modelo muy solicitada, pero siempre mantuviste un bajo perfil, se sabía muy poco de tu vida privada y tu día a día.
Creciste entre camarínes y escenarios, cables pelados por todos lados, amigos de tu viejo en un total delirio, olor a pucho y el sonido muerto de amplificadores desconectados de los instrumentos. Tu viejo también era una persona muy reservada, siempre te explicó el por qué la gente siempre los buscaba con cámaras y micrófonos, que esa gente era muy peligrosa y que te tenías que esconder.
Con el tiempo supiste cómo llevar a la prensa, como estar, como poder vivir sin causar revuelos gigantes. Hasta que apareció él...
Patricio Máximo Sardelli, cantante de Airbag, una de las banditas nuevas que salía del rock nacional y por lo tanto era el centro de los medios, mezclas de bandas legendarias. El chabón era muy inmaduro, siempre te tuvo allá arriba, siempre fuiste su debilidad. Te veía de lejos en algunos eventos que de casualidad eran invitados los dos, porque la única vez que se acercó a vos armó un lindo quilombo por una foto que se filtró de los dos saliendo de un hotel y dió mucho de que hablar durante meses, como consecuencia, le terminaste pegando un bife que se escuchó en toda la provincia.
Estabas en tu departamento, te estaban arreglando para un evento de moda importantísimo que vos ibas a presentar. Un peinado sutil pero hermoso con un maquillaje neutro que iba a combinar con un lindo vestido verde y zapatos negros. Sabias que iba a estar Patricio con su pareja, pero medio que no te importó, vos ibas a presentar el desfile más importante de toda Latinoamérica.
Entendiste el auto, un Mustang Mach 1, y empezaste a manejar hasta el Hilton de Puerto Madero, dónde se iba a hacer el desfile. Caminabas con tal delicadeza que sin siquiera hacer ruido con los tacos de diseñador que tenías todos se daban vuelta a mirarte.
—Buenas noches a todos, espero que estén muy bien. Me siento totalmente orgullosa de darles la bienvenida al desfile de Sombras de Seda. Por favor les pido que tomen asiento ya que en unos minutos ustedes van a quedar deleitados con lo que van a ver.
Durante ese pequeño mensaje hubo un serio contacto visual con Patricio, tenía un traje negro de etiqueta, agarrando a su mujer de la cintura, pero la vista totalmente centrada en vos, en cómo el verde te hacía incluso más blanca y en como se te levantaban las gomas con el corset. Fuiste al bar a pedirte algo de tomar hasta que arranque el evento.
Sentada en la barra sentiste una mano fría en la espalda descubierta del vestido. Una mano con anillos y dedos finos.
—Tanto tiempo Solari...
Sonrió Patricio fijándose en que su pareja no lo agarre con ella.
—Si? Para mí fue ayer que yo te pegué esa cachetada.
Sonreiste mientras le dabas un trago muy chiquito al Gin Tonic, para que después quede entero arriba de la barra por estar seduciendo a ese hombre que jamás le ibas a dar oportunidad.
¿O si?
—Viniste con tu mujer, hubieron bastantes minas mejores la verdad.
Apoyaste el Gin Tonic en la barra y Patricio se rió con suavidad.
—Nah, estaba muy rompe pija y tuve que decirle que si.
Te miró un rato. No te miró, te escaneó, te analizó, cada célula, cada átomo el lo pudo ver en ese instante. —¿Decís que se atrasa mucho el evento si te llevo al baño de la recepción?
Dijo totalmente descarado, pasandote una mano por el muslo y llegando al borde del vestido.