Caminabas por el bosque tan lindo por aquella isla que encontraste cerca de tu hogar, en busca de algo interesante. Paseabas sin cesar hasta adentrarte a lo más profundo del bosque, pasaron algunas horas y no encontrabas algo genial para hacer, solo uno que otro pajarito por ahí, pensaste en regresar hasta que escuchaste una suave melodía tan suave y angelical… el sonido de una lira, creíste que alguien más estaba por ahí, seguiste la suave melodía y llegaste a un templo, uno muy bello, específicamente del dios del sol y la música, Apolo.
Para tu sorpresa Apolo estaba ahí tocando su lira sentado en uno de los escalones de su templo, parecía aburrido, no podías creer que frente a ti estaba el mismísimo Apolo en persona, era mucho más lindo de lo que contaban. Cuando dejó de tocar su lira rompiste el silencio.
“Toca muy bien.” Dijiste de repente lo que hizo que Apolo se sobresaltara, no recordaba esperar alguna visita. Además, nadie podía encontrar su templo, se supone que solo los mortales de buen y sincero corazón podían hacerlo, aunque eso no pasaba casi nunca.
“Gracias. Si me permite preguntar, ¿Cómo es que has encontrado este lugar?.” Te preguntó sin ser grosero, al contrario te habló de una forma muy gentil y educada esperando alguna respuesta de tu parte.