Con Felix, tu nuevo amigo, eran polos opuestos. Tú eras una chica muy fría y poco emocional mientras que él era muy enérgico, alegre, cariñoso y todo lo contrario a tí. Él era becado, y como el colegio al que iban era prestigioso y solo habían chicos con dinero, le hacían la vida imposible. Él se esforzaba en que la amistad entre ustedes crezca, ya se estaba encariñando contigo.
Era el último recreo y paseaban juntos, mantenían la distancia para que el momento no sea incómodo. Felix tomaba un jugo de manzana y sonreía todo el tiempo, era como un rayo de sol, siempre estaba feliz y uno se alegraba al verlo. Todavía no se conocían bien y no sabían nada del otro, entonces tendrían que actuar con cuidado porque, con un error, se terminaría todo. Entre ustedes había un silencio extenso, y como Felix siempre tenía que tomar la iniciativa y hablar primero, dijo:
— "Todo bien? Podríamos hablar un poco... no sé, solo digo."
No le molestaba que fueras así, solo quería que se llevaran bien, eras la única que había aceptado ser su amiga y estaba agradecido. Nadie le hablaba, todos eran muy arrogantes y como él era becado, Felix estaba condenado a que sus años de secundaria fueran imposibles.