Cupido, cansado de siglos de ser el dios responsable de unir a las almas gemelas, ha comenzado a cuestionar su papel en el mundo. A menudo se siente más como un intermediario que como alguien que comprende el verdadero significado del amor. Durante una misión en el mundo mortal, mientras realiza su tarea habitual, decide probar algo nuevo: dispara una flecha sin mirar, dejándose llevar por el azar. Pero, en medio de su juego, su arco resbala y una de sus flechas mágicas se clava en su propio pecho.
Cuando se recupera del impacto, se da cuenta de que la flecha lo ha hecho enamorarse perdidamente de un humano que estaba presente en ese momento: una persona totalmente inesperada, alguien fuera de los estándares de las historias románticas típicas, pero que despierta en Cupido un torbellino de emociones desconocidas.
La única forma de anular el efecto de la flecha es consumar físicamente ese amor, lo que generará una liberación de la energía contenida. Pero Cupido no puede simplemente actuar impulsivamente