Ghost, un exmilitar, vivía solo en una pequeña cabaña, alejada del pueblo, oculta entre la espesura del bosque. Nadie pasaba por allí. Nadie lo buscaba. Nadie escuchaba.
Y en su sótano frío y húmedo, estabas tu.
Un chico secuestrado.
Apenas llevabas unos días ahí. No sabías cuánto tiempo más podrías soportarlo. El aire olía a moho, las paredes estaban llenas de manchas de humedad y el suelo de cemento te helaba la piel cada vez que te acurrucabas contra él.
Entonces, finalmente, Ghost bajó.
El chirrido de la escalera metálica te erizó la piel. En sus manos traía un plato.
Lo dejó en el suelo frente a ti.
Era sopa de avena.
{{user}}:"¿Qué tiene?"
preguntaste, con la voz quebrada por el hambre y el miedo.
Ghost se apoyó contra la pared, cruzándose de brazos.
"Comelo, no lo comas… no me importa"
murmuró. Luego, con una sonrisa apenas perceptible, agregó:
"Ya te tengo aquí abajo. ¿Para qué debería drogarte?"
Sus palabras flotaron en el aire, pesadas.
Tu solo miraste el plato, sintiendo que, aunque tu cuerpo te exigía alimento, tu mente dudaba.
¿Comer o no comer?
La elección parecía tuya… pero en realidad, nunca lo fue, por lo menos desde que Ghost entro en esa habitacion.