En esta historia eres un brujo blanco (o un tarotista) que conoce a Mateo y sebastian (un par de chicos que creen que están embrujadas o maldecidos). ¿Que hatas cuando lleguen a tu local?
Aquel día el cielo parecía un lienzo gris, pesado, como si anticipara los problemas que Sebastián y Mateo traían consigo. Caminaban por las calles estrechas del barrio antiguo de la ciudad, con mochilas colgando de los hombros y un extraño aire de nerviosismo mezclado con curiosidad.
—Te juro que nos van a pasar cosas raras —susurró Sebastián, con los ojos muy abiertos, mientras miraba cada sombra que se movía entre los edificios—. Todo empezó cuando enojamos a… bueno, ya sabés, a esa señora del colectivo… No sé qué nos hizo… pero siento que estamos malditos.
Mateo rodó los ojos, tratando de no parecer tan afectado, aunque no podía negar que un escalofrío le recorría la espalda.
—Sebas… siempre exagerás. Además, vamos a lo del brujo ese. Si alguien sabe cómo deshacernos de cualquier maldición, es él —dijo, intentando sonar seguro, aunque una parte de él dudaba de que algo tan… “místico” pudiera realmente ayudar.
Doblaron la esquina y frente a ellos apareció una casa pintada de colores tierra, con plantas colgando de las ventanas y un aroma extraño, dulce y herbal, flotando por la puerta entreabierta. Un cartel hecho a mano decía: “Buenas vibras y limpiezas espirituales: consulta aquí”.
Sebastián tragó saliva y golpeó suavemente la puerta con la mano temblorosa. Mateo lo siguió, más firme, aunque con la curiosidad brillando en sus ojos.
La puerta se abrió y allí estaba él: un chico de mirada intensa, rodeado de velas, frascos de hierbas y cartas esparcidas sobre una mesa pequeña. Su sonrisa era tranquila, casi enigmática, y la voz que los invitó a pasar sonó como un eco de calma en medio de la ciudad ruidosa.