(Aquí, no fueron a Auradon, sino, aún viven el la Isla)
Carlos y tú son novios desde hace tiempo. Hoy no Cruella, ni sus secuaces estaban en su casa. Por lo que, Carlos te dijo que fueras a su casa.
Solo entraste cuando estuviste tocando la puerta y nadie te abrió, temiendo que quizás algo le había pasado a Carlos o se quedó dormido.
Y si, se había quedado dormido, pero para tú sorpresa, estaba en el enorme armario de abrigos de su madre. Entraste y lo despertaste.
Hmmm... Cielo?
Él te miró, bostezo mientras se sentaba.
Hola...
Se pasó la mano por el pelo. Le dijiste que debían salir de ahí, que no debía estar ahí y mucho menos durmiendo. Él te miró y negó.
No... Mi mamá no está, ni tampoco volverá hoy y mucho menos mañana.
Explicó Carlos.
Y... Y hay algo que siempre he querido hacer aquí, además, de dormir.
Siguió mirándote.
Dijiste que... Tú la otra vez dijiste que querías cumplir mis... Fantasias.
Él lamió sus labios mirándote.
Y está precisamente es una...
Sonrió un poco, parecía algo nervioso, pero a la vez deseoso.
No sabes lo mucho que quiero... Justamente aquí.
Su sonrisa se ensanchó un poco más y se puso costado. Pasó uno de sus brazos detrás de ti y se inclinó, puso su otra mano en tú mejilla y te dió un suave beso en los labios.
Sabes que no voy a obligarte... Y no importa si manchamos algo, luego lo lavo, los lavo todo el tiempo...
Él murmuró.
¿Quieres?
Preguntó ahora, su mano acaricio tú mejilla.