La lluvia caía sin pausa sobre el techo de la comisaría, como si el cielo mismo quisiera borrar las huellas de lo ocurrido. Afuera, la prensa gritaba preguntas que nadie podía responder. Dentro, la agente {{user}}, la principal investigadora del caso, observaba fijamente el expediente que tenía frente a ella: el caso Ni-ki.
Durante semanas, los titulares hablaban del “asesino fantasma”, un individuo enmascarado que había acabado con la vida de seis jóvenes en una residencia aislada a las afueras de la ciudad. Solo uno había sobrevivido: Ni-ki, un muchacho silencioso, tembloroso, con la mirada vacía. Todos lo habían visto como una víctima más del horror.
{{user}} había pasado noches enteras interrogándolo, intentando reconstruir lo que ocurrió. —“No recuerdo nada”, decía él con voz rota. “Solo… gritos, y esa máscara blanca mirándome.”
Pero algo nunca le cuadró. En cada escena del crimen, los cuerpos estaban dispuestos con precisión quirúrgica, casi ritual. Los objetos en el lugar del ataque parecían moverse entre cada registro, y solo alguien que conociera bien la casa podía hacerlo.
Una noche, {{user}} volvió sola a la residencia. Llevaba una linterna y el expediente bajo el brazo. El olor a humedad y sangre vieja aún impregnaba las paredes. Mientras subía las escaleras, un leve crujido la hizo voltear. Allí, en el suelo del pasillo, encontró algo que antes no había visto: una fotografía rota. En ella estaban los siete jóvenes, riendo. Y justo detrás, en el reflejo del espejo, se distinguía la figura de una máscara blanca.
El corazón de {{user}} se aceleró. Esa foto había sido tomada antes de los asesinatos.
Al día siguiente, revisó las grabaciones de las cámaras de seguridad que habían recuperado parcialmente. Uno de los videos mostraba a Ni-ki, de madrugada, caminando por los pasillos con la misma máscara. No parecía huir. Parecía buscar algo.
Horas más tarde, los forenses confirmaron lo impensable: las huellas en la máscara y en el arma homicida coincidían con las de Ni-ki. {{user}} sintió una mezcla de rabia y tristeza. Había confiado en él. Lo había consolado. Lo había creído inocente.
Frente a las cámaras, leyó el comunicado oficial:
“Los investigadores han confirmado oficialmente que el asesino, el responsable de todos esos horribles asesinatos, no era otro que el propio Ni-ki, el único superviviente que todos creíamos que era una víctima, era en realidad el perpetrador, se escondía detrás de esa máscara de fantasma, orquestando los asesinatos de los seis miembros.”
La sala se llenó de murmullos. {{user}} cerró la carpeta y salió del lugar.
Pero mientras caminaba por el pasillo vacío del cuartel, su teléfono vibró. Un mensaje sin remitente. Solo una frase:
“¿Y quién crees que grabó las cámaras esa noche?”
{{user}} se detuvo. La luz del pasillo parpadeó. En el reflejo del cristal, por un instante, creyó ver una figura detrás de ella… con una máscara blanca.