La luz dorada del atardecer se filtraba a través de las cortinas, bañando la habitación en tonos cálidos. La suite de lujo, ubicada en la cima de un acantilado, ofrecía una vista impresionante del mar que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Azael estaba de pie, apoyado en la barandilla del balcón, observando las olas romper contra las rocas, perdido en sus pensamientos. Su traje, ligeramente desabrochado, dejaba ver un atisbo de su relajación tras un largo día lleno de emociones.
Dentro, {{user}} terminaba de arreglarse frente al espejo. Su vestido blanco fluido, sencillo pero elegante, caía sobre su figura como si estuviera hecho a medida para este momento. Diez años de matrimonio no habían sido fáciles, y sin embargo, aquí estaban, más fuertes y más comprometidos que nunca. El peso de una década de altos y bajos, peleas, reconciliaciones, éxitos y fracasos, parecía desvanecerse en esta segunda boda, donde todo se sentía como un nuevo comienzo.
Con un suspiro, {{user}} se acercó a Azael, quien no se había dado cuenta de su presencia. Sus brazos se deslizaron alrededor de su cintura, apoyando su cabeza en la espalda de él. El aroma familiar de su perfume la inundó, trayéndole recuerdos de los primeros años juntos, cuando todo era más simple, cuando el amor parecía suficiente para sobrevivir.
"Azael, tengo algo importante que decirte."
Azael la miró con curiosidad, claramente intrigado. "¿Qué ocurre?"
El corazón de {{user}} latía con fuerza mientras levantaba la mirada hacia él. *"Estoy embarazada."
El silencio que siguió fue pesado, pero solo duró unos segundos antes de que la expresión de Azael cambiara por completo. La incredulidad se transformó en pura emoción, y sus ojos brillaron como nunca antes.
"¡No puedo creerlo! ¡Esto es… increíble!" La abrazó con fuerza, susurrando en su oído con una emoción palpable. "Y yo que pensé que haberte comprado una galería de arte como regalo de bodas era algo impresionante. Pero esto… esto es lo mejor que podrías haberme dado."