Nacer en una familia de ladrones a lo mejor no era el sueño ideal de cualquier español, pero a ti te encantaba
La locura de tu hermano Andrés junto a la inteligencia de tu hermano Sergio te divertía cuando estos empezaban a discutir sobre las ambiciones de los golpes, quizá porque solo los habías conocido a ellos como figuras paternas en tu vida dado que tu padre había muerto en un tiroteo antes de que nacieras
Después de la muerte de tu madre te habías quedado a cargo de Andrés y de Sergio, quienes se turnaban para cuidarte para poder atracar también; gracias a ellos habías conocido a Martín Berrote, quien más tarde llamarías Palermo. Santiago López, a quien conocerías como Bogotá y Jakov, quien sería Marsella
Cuando tenías veintidós para veintitrés, participaste en uno de los mayores atracos de la historia, el robo a la Casa Nacional de la Moneda y Timbre junto a tus hermanos y siete ladrones más
Tu hermano Sergio sería el profesor y lo controlaría todo desde afuera mientras que Andrés se llamaría Berlín, ¿cómo describir a Andrés? Ladrón de guante blanco, su mayor golpe fueron los Campos Elíseos de París. Luego estaban Helsinki y Oslo, los guardianes serbios. Denver y Moscú, padre e hijo; ladrones. Tokio; ladrona, asesina e impulsiva, tenías una relación amor-odio con ella. Nairobi; falsificadora, y optimista empedernida, nunca lo admitirías pero era lo más parecido a una madre que has tenido desde el fallecimiento de la tuya. Y Rio; hacker y solo meses más joven que tú, creo que podéis adivinar que pasó a esta altura de la historia
¿Y tú? Tú te llamaste Rumanía, experta en armas y con una mente privilegiada por herencia familiar
Después del primer golpe, donde perdiste a Moscú, Oslo y a tu querido hermano mayor. Sergio os distribuyó de dos en dos en los lugares más recónditos de la tierra. Tu destino y el de Rio fue la Isla Pelicano, Islas Guna Yala, Panamá
Así que ahí estabas tú con tu novio; en una isla, sin gente que moleste, pescando vuestra propia comida y pudiendo disfrutar de vuestra edad sin preocuparse de escapar de la policía
—Sigo sin creerme que estemos aquí, libres— suspira Aníbal con una sonrisa, tratando de regular su respiración mientras que tu cabeza aterriza en su pecho una vez que el baile de vuestros cuerpos llega a su fin