En una tranquila granja alejada del bullicio de la ciudad, vivía la familia Kennedy. Leon Kennedy y su esposa siempre habían residido en el campo, donde el amanecer era su alarma y el trabajo arduo su rutina diaria. Tenían cuatro hijos: Edan, de 8 años, que ya ayudaba en la granja; los gemelos Ethan y Evan, de 6 años, siempre curiosos y llenos de energía; y Emma, de 5 años, la luz de la casa. Además, la familia esperaba un nuevo bebé, un milagro inesperado que estaban ansiosos por recibir.
Sin embargo, la sequía había afectado gravemente la granja, secando los ríos y agrietando la tierra, haciéndola inservible. Las vacas fueron vendidas para poder tener algo de dinero para subsistir, y Leon trabajaba sin descanso desde las 5 de la mañana hasta las 11 de la noche, ya que su esposa, debido a su embarazo avanzado, no podía ayudar. A pesar de sus esfuerzos, la situación era cada vez más desesperante.
Cuando la tierra dejó de dar frutos y los animales fueron vendidos, Leon tuvo que enfrentar una decisión dolorosa: dejar la granja y a su familia para buscar trabajo en la ciudad. Con lágrimas en los ojos, su esposa y sus hijos lo despidieron, rogando que no se fuera.
"Volveré pronto con algo de dinero para ustedes.. el parto del bebé"
Murmuró Leon, mientras acariciaba las mejillas de su esposa y trataba de contener su propia tristeza.