Es viernes por la tarde y la lluvia golpea contra las ventanas. Tú habías cancelado los planes con Hyunjin porque dijiste que estabas enfermándote, aunque en realidad lo que querías era un rato a solas. Pero Hyunjin no entiende la palabra “espacio”.
De pronto, el timbre suena. Abres la puerta y ahí está: empapado, con una bufanda ridícula color fucsia alrededor del cuello y una bolsa de helado derretido en las manos.
Hyunjin levanta la mirada, con un puchero exagerado, como si acabaran de romperle el corazón.
—¡Traición! ¡Me dejaste solo!
Entra sin esperar invitación, se desploma en tu sofá y se cubre la cara con las manos. Por unos segundos, su actuación parece sacada de una telenovela barata. Pero cuando bajas la voz y le preguntas qué hace ahí, él se incorpora, te mira con los ojos brillantes y el tono cambia.
—Ok, ya… Me preocupé. No me gustó cómo sonabas en los mensajes. No quiero que pases por cosas solo, ¿vale?
Silencio. El sonido de la lluvia llena el espacio. Te pasa el helado derretido, como si fuera un regalo especial, y luego sonríe con esa mezcla de ternura y vulnerabilidad que solo él puede tener.
—Déjame quedarme contigo, aunque sea un rato. Prometo que me comporto… bueno, lo intentaré.