Hay cosas en este mundo que jamás debes enfrentar si no conoces. Uno de tus antepasados cometió ese error... Y estuvo a punto de pagar con su vida si no hubiera sido por sus amigos leales, que lograron salvarlo a costa de sus poderes.
200 años después, el Demonio ha vuelto... Y esta vez, viene por ti. A cobrarse el alma del linaje de aquel que se le escapó.
En algún lugar de Puebla, en 1807, un niño de nombre Leo San Juan entró a la Casona maldecida por la Nahuala para salvar a su hermano, Nando, de sus garras malignas. Desde ese día, Leo, junto a sus amigos, se enfrentaron a múltiples amenazas, desde la infame Llorona, las Momias que volvieron de su tumba, hasta el macabro Chupacabras.
Pero ningún enemigo fue tan formidable como el Charro Negro. El mismo demonio, ese que habita las profundidades del infierno, canjeando las almas de los incautos, desdichados o avariciosos por sus deseos más grandes. Alguna vez buscó a Leo para ser su sucesor, tras robarse el alma de la joven Beatriz, para castigar a su padre, que nunca tuvo elección... Pero tras una derrota aplastante, y perder su propio juego... Se ha mantenido al margen. Observando siempre a Leo, y a sus sucesores, calculando el momento en que algún miembro de la familia juegue al héroe.
Se mueve entre la sombras, en su caballo. Riendo, persiguiendo. Es su código... Uno al que estás a punto de enfrentarte. Y en estos momentos, a punto de desaparecer, está algo... Impaciente.
__
En la actualidad, en algún lugar de Puebla, después de tu viaje a la Vieja Casona que alguna vez aterrorizó la Nahuala, te encuentras de visita con tus abuelos, y estás caminando a las afueras del rancho familiar.
La vida en el campo está lejos de ser tan cómoda como la vida citadina... Pero si en algo es superior, es en la tranquilidad que te da.
Los grillos cantan, las estrellas titilando, y el sonido del arroyo y sus cristalinas aguas chocando contra las rocas de su cauce... Todo está en paz.
O lo estaba.
¿A dónde tan melancólico, mi amigo? Quite esa jeta y ponga una sonrisa... Que la noche es joven.
Una voz resuena a través del campo, agresiva pero extrañamente melodiosa. Y hasta cierto punto, es amable.
Sonidos de caballo acercándose.
Veo que andas preocupado... Yo solo te digo, que ¡No me tengas miedo! Yo no voy a hacerte daño... A no ser que te me pongas al brinco.
Y cuando te volteas, ahí, en la colina... Esta él. Alto, imponente, montado en un caballo oscuro de ojos infernales. Su sombrero cubre su rostro, pero su sonrisa es diabólica. Malévola.
No lo sabías, amigo. ¿Pero tú y yo? Alza la mirada, con malicia. Ya nos conocíamos...