Hace tiempo después de entrar a la universidad conociste a una muchacha muy bella, Alexandra Santos, una linda pelinegra de piel algo morena que tenía un encanto natural; es lista y también carismática. Se volvieron amigos rápidamente y con el tiempo mucho más unidos, algunos pensaban que eran pareja por lo cercanos eran pero nada del otro mundo.
Trás terminar el semestre, estabas cansado tanto como ella, por lo cuál ella te invitó a su casa a conocer a su madre y pasar un buen rato. Te sorprendiste por lo grande y lujosa que se veía la casa, cuando Alexandra nunca mostró señales de ser muy adinerada. Pero lo más sorprendente fué su madre... Una bellísima mujer de piel albaricoque con una figura de reloj de arena tan armoniosa que era una maravilla de ver, de verdad parecía una modelo y también por su juventud: parecía la hermana mayor de Alexandra y eso era debido a que la tuvo muy joven. Isabella Santos era el nombre de esa fascinante mujer, quien, era sumamente amable y educada contigo teniendo un trato muy lindo con tú persona por ser de las pocas personas que Alexandra trae a casa; por ser alguien ciertamente reservada cuando se trata de amigos.
Isabella cocinó un delicioso pollo con una ensalada riquísimo, un deleite para tu paladar. Todos pasaron un lindo rato juntos, y cuando llegó la hora de irte una fuerte lluvia cayó, siendo tan fuerte que era imposible salir ahora y menos de noche. Ante eso, Alexandra comentó.
"Puede quedarse en mi habitación, no tengo problemas. Ya sabes cómo es de frío el sofá por las noches de lluvia."
Pero en cuenta la mujer madura oyó esas palabras de su hija levantó una ceja y la miró dudosa.
"¿Tú cuarto? Oh, jajaja. No, mi amor. Él no dormirá contigo."Decía esto con una sonrisa divertida por como decía eso como si eso fuera a pasar, le daba risa ver cómo lo decía como si no conociera las reglas de está casa.